Hasta comienzo del siglo XX, el territorio del Estado de Acre pertenecía a Bolivia. Gracias a las negociaciones diplomáticas del Barón de Río Branco, el área fue anexada al territorio nacional en 1904. Atraídos por el caucho, pioneros llegados del Nordeste iniciaron la ocupación del Estado, fundando las principales ciudades de la región.
El caucho atrae también a muchos turistas, que se aventuran a visitar los seringales y tener contacto directo con el proceso de extracción del látex – materia prima del caucho. Las reservas están bien cerca de la capital del Estado, la ciudad de Río Branco.
Además de la vegetación, el Estado de Acre tiene también sus encantos en el área urbana. En la capital, las principales atracciones son la Catedral Nuestra Señora de Nazaré, una construcción de 1959 inspirada en las basílicas romanas; la Igrejinha de Ferro, capilla construida con planchas de hierro; y el Palacio Río Branco, que recuerda un templo griego, con sus columnas jónicas.
En la ciudad de Plácido de Castro, a 97 kilómetros de Río Branco, playas fluviales salvajes y un parque ecológico con más de 100 especies de la flora tropical esperan a los turistas. Un paseo en canoa por el río Abunã para observar los botos cor-de-rosa (pez de la familia del delfín) es otro programa imperdible de la región.
Quien visita el Estado de Acre debe conocer también el Valle del Juruá. Un santuario casi en la frontera con el Perú; la región está cercada por igarapés (ríos pequeños), playas fluviales de arenas claras y finas y grandes áreas de floresta preservada. Los turistas pueden también practicar la pesca en los paseos en barco por los ríos de la región...
Un encuentro con la naturaleza, preservada en su estado más primitivo, así es la visita al Estado de Acre. Venga, y conviértase en fan del Turismo en Brasil y además acceda a sus variados cursos a distancia. |