Merece una visita la llanura localizada al oeste de la cadena andina, a dos horas de Quito, con centro en Santo Domingo de los Colorados, en cuyo mercado dominical se reúnen los indios colorados, pertenecientes a una tribu de caracteres muy defi nidos.
La espectacular serie de cumbres coronadas de glaciares, a la que Humboldt llamó la "avenida de los volcanes", acompaña a lo largo de todo el recorrido a quien desde Ibarra, pintoresca ciudad ubicada en el norte del país, vaya a Quito y continúe luego hacia el sur, recorriento Latacunga, Ambato y Riobamba. A lo largo de este trayecto se cruzan valles salpicados de pequeñas aldeas, especialmente indígenas, y se divisan desde la carretera las viviendas cubiertas de paja, que dan un sabor auténtico al paisaje andino. Mención especial merece Qtavalo, ciudad localizada en el sector de los lagos, cerca de la frontera con Colombia; allí viven los indios otavaleños. que se distinguen por su dedicación al trabajo artesanal; los sábados el turista puede disfrutar de un espectáculo muy singular acudiendo al mercado que, desde tempranas horas, reúne a varios miles de nativos dispuestos a vender sus artesanías, animales y asimismo toda clase de viveres.
Cuenca conserva con especial cuidado la característica belleza de suépoca colonial; en sus templos de San Francisco, la Concepción, el Carmen, se encuentran obras de inmenso valor artístico. Los alrededores, de atractivos paisajes, constituyen centros de artesanía muy apreciados: Gualaceo, Chordeleg, etc. También en sus cercanías se encuentran las ruinas incaicas de Ingapirca.
La zona costera ofrece las bellas y extensas playas de Salinas, San Jacinto, Atacames, lugares de veraneo muy frecuentados, y algunas poblaciones y puertos que se destacan como núcleos de comercio o como centros de elaboración artesanal; así ocurre con Montecristí (Manabí), donde se trabaja la paja toquilla, para elaborar los famosos sombreros conocidos en múltiples lugares del mundo. Más hacía el interior se aprecian las grandes plantaciones de banano, cacao, café, arroz y otros productos tropicales, que constituyen fuente de riqueza fundamentales para la economía del país.
Desde Ambato, una carretera desciende hacia la selva amazónica, pasando por la interesante ciudad de Baños; desde aquí se continúa a El Puyo, donde acabaría cualquier viaje que no hubiera sido oportunadamente organizado. Para el turista interesado por una aventura diferente hay posibilidades de realizar a la selva amazónica excursiones que duren algunos días, penetrando en ese mundo casi desconocido y apreciando su rica vegetación y su fauna tan peculiar y variada: pájaros de colores deslumbrantes, simios, reptiles, etc. Durante la excursión, que continúa desde El Puyo hacia el interior de la selva atravesando las plantaciones de té, caña da azúcar y otros productos de clima cálido, se llega a Misahuallí; entonces se inicia el viaje en canoa a motor por los afluentes del Amazonas, y se puede vivir en plenitud la experiencia inolvidable de la selva. Hay facilidades de alojamiento en hoteles a los que se llega por helicóptero o en canoa, como el Jaguar y el Anaconda. Se visitan varios caseríos indígenas y también los centros misioneros de los religiosos.
Otro interesante aspecto de la selva ecuatoriana es el que se contempla volando en avión hasta el sector de los pozos petrolíferos, cuya explotación ha transformado la economía nacional en el curso de los años. Los vuelos parten de Quito o Guayaquil, hasta Lago Agrio y El Coca, donde se aborda el Flotel Orellana, que ofrece un crucero a lo largo del río Napo. El turista puede obtener la información necesaria en las diversas agencias de viaje, localizadas en las principales ciudades del país.
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